Pazeño

Erigiendo obras hermosas en Sudcalifornia

Como ya hemos mencionado muchos de los sacerdotes jesuitas que llegaron desde finales del siglo XVII y hasta un poco más de la mitad del XVIII, poseían conocimiento sobre la construcción de Templos así como de los sitios accesorios a ellos (sacristía, almacén, pilas, acueductos, etc.).

En la antigüedad, el término templo “designa un edificio sagrado. En su origen, designaba la zona del cielo que el augur (sacerdote que en la antigua Roma practicaba la adivinación), utilizaba para contemplar qué aves la atravesaban y en qué sentido, estableciendo así los augurios.​ Muchas religiones, si no todas, tienen edificios que se consideran sagrados”. En nuestro caso, utilizaremos la denominación de Templo para los edificios levantados por los Misioneros jesuitas en la península de California para realizar principalmente actividades de culto religioso pero también como el centro de la vida social, económica y política de la Misión de la cual formaba parte.

Como ya hemos mencionado muchos de los sacerdotes jesuitas que llegaron desde finales del siglo XVII y hasta un poco más de la mitad del XVIII, poseían conocimiento sobre la construcción de Templos así como de los sitios accesorios a ellos (sacristía, almacén, pilas, acueductos, etc.). Estos conocimientos se les impartían como materias dentro de la formación que llevaban en sus colegios o bien algunos de ellos ya tenían conocimientos de este oficio antes de empezar con su vocación sacerdotal. Durante su estancia en el Colegio de Tepotzotlán para los sacerdotes formados en la Nueva España, y en otros Colegios en Europa para los venidos de ultramar, los futuros sacerdotes tenían contacto con libros de ingeniería y arquitectura e incluso muchos de ellos en los momentos en que los enviaban a realizar su ejercicio pastoral, llevaban estos libros entre sus pertenencias. Estos materiales les fueron sumamente útiles como obras de consulta en el momento de levantar alguna construcción.

Sin embargo no siempre el sacerdote era ducho o con conocimientos suficientes para construir un templo, o bien, la hechura de este edificio requería de un arquitecto profesional o por lo menos de un “maestro de obras” con los suficientes conocimientos y habilidades para levantar un edificio de gran envergadura, con arcos, ventanales, campanarios, bóvedas, y demás ornamentos que solamente un lego en la materia pudiera hacer. Es por ello que en muchas ocasiones fueron convocados a nuestra península ingenieros y arquitectos desde el centro de la Nueva España para que auxiliaran al sacerdote en la construcción de estos espacios.

También en no pocas ocasiones estos profesionales fueron despedidos por los misioneros por no tener, a juicio de ellos, los requerimientos para continuar o concluir la obra.

Algo que es importante considerar es que los materiales para levantar templos de manera permanente, piedra y cal, no siempre abundaban en el sitio donde se construiría dicha obra, por lo que tenían que traerse de distancias hasta de 5 o 6 kilómetros, que para ese tiempo era considerable. Sin embargo si la Misión contaba con animales de carga (burros, caballos, mulas) la tarea se hacía más fácil. Es por todo lo anterior, entre muchos factores, que hubo Templos que tardaron en construirse una buena cantidad de años. Por ejemplo, el Templo de San Francisco Xavier de Bigge Biaundó tardó 15 años en culminarse, el de San Ignacio Kadaakaman 53 años, el de Santa Rosalía de Mulegé 32 años, etc.

Durante el levantamiento del Templo Misional se daba prioridad a este antes que a cualquier otro recinto, lo anterior probablemente debido a no desviar ni la mano de obra ni los materiales hasta no ver cumplida la construcción de este importante edificio litúrgico. Una vez finalizado se continuaba con los aposentos de los sacerdotes, los de los soldados y demás habitantes “de razón” del sitio y finalmente cercos, corrales, acequias, pilas y demás estructuras del sitio. 

Los materiales que utilizaban para la construcción era el adobe (bloques de tierra compactada los cuales se cocían en un horno para extraer la humedad y se volvieran sumamente duros y resistentes). Estos adobes o ladrillo eran confeccionados por los sacerdotes con ayuda de los naturales, sin embargo era muy difícil lograr la participación de ellos, según relatan las crónicas de los jesuitas, por lo que tenían que granjeárselos con alimento para que los ayudaran o bien convencer a los niños que era como una especie de juego el apisonar el lodo para posteriormente meterlo en moldes. Todo este proceso duraba días enteros así como la cocción de dichos ladrillos. En muchas ocasiones para conseguir suficiente tierra para hacer el lodo o bien la madera necesaria para hacer funcionar al horno era una actividad muy cansada ya que tenían que recorrer muchos kilómetros en busca de estos materiales. Las paredes de los templos se hacían con estos ladrillos los cuales eran emplastados con cal para reflejar la blancura de la inocencia y la pureza de la fe.

También el conseguir cal para emplastar los muros no era tarea fácil ya que no en todos los sitios de la península se encontraba. Una vez que se conseguían algunas piedras con cal, éstas se tenían que cocer en hornos para lograr que se desintegraran hasta formar un fino polvo, el cual ya se podía utilizar para la construcción.

En ocasiones algunos misioneros utilizaron conchas marinas en sustitución de la Cal ya que era imposible conseguirla de origen mineral. Los techos en un principio eran planos y por lo general era una mezcla de ramas, zacate y lodo, todo bien compactado. Las puertas en muchas ocasiones era un bastidor de ramas y en el cual se amarraba el cuero de un animal grande (vaca, venado, puma); se utilizaba este material dada la dificultad para conseguir la madera.

Como podemos apreciar, el proceso de levantamiento de una misión era cansado y a largo plazo, sin embargo la paciencia y celo de los Misioneros lograron erigir obras hermosas en esta Sudcalifornia nuestra.

Bibliografía:

Armando Romero-Monteverde. Los grupos prehispánicos de Baja California: a partir del contacto con los jesuitas hasta su expulsión 1697-1768. Tesis para obtener la licenciatura en etnología. 2006

Juan Jacobo Baegert, Noticias de la península.

Sealtiel Enciso Pérez

Sealtiel Enciso Pérez

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