OpiniónSugerencias de PazeñoOtra cosa

México votó mayoritariamente para ser “otra cosa” de la que hemos sido, a nivel país, durante los últimos años. Otra cosa. Más de 30 millones de personas votaron para cambiar la imagen que el espejo nos estaba regresando todas las mañanas. Ya no más Javier Duarte o Rosario Robles. Ya no más Casas Blancas ni Karime Macías. Ya no más Gerardo Ruiz Esparza ni David Korenfeld. Ya no más un México catalogado como uno de...
Redacción Pazeñodiciembre 1, 2018418 min

México votó mayoritariamente para ser “otra cosa” de la que hemos sido, a nivel país, durante los últimos años. Otra cosa. Más de 30 millones de personas votaron para cambiar la imagen que el espejo nos estaba regresando todas las mañanas. Ya no más Javier Duarte o Rosario Robles. Ya no más Casas Blancas ni Karime Macías. Ya no más Gerardo Ruiz Esparza ni David Korenfeld. Ya no más un México catalogado como uno de los países más corruptos de todo el planeta. Ya no uno donde reine la impunidad como casi única divisa. Otra cosa. Ya no un crecimiento económico del 2.5% anual, tampoco una inflación del 4%. Otra cosa. Ya no una deuda externa del 43.5% del PIB. Ya no un país con 55.3 millones de personas viviendo en pobreza. Otra cosa. Ya no más mujeres e indígenas bajo la sombra de la vulnerabilidad social. Ya no más feminicidios. Otra cosa. Ya no más desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Ya no más oportunidad de desarrollo que alcanza sólo a dos de cada 100 mexicanos que podrán escalar socialmente en la edad adulta. Otra cosa. Ya no una tasa de desempleo de 4.1%. Ya no una fuerza laboral donde solamente el 5.3% recibe más de cinco salarios mínimos. Otra cosa.

Ya no un sector salud con hospitales abandonados o sin equipo necesario. Tampoco más médicos ejerciendo en condiciones precarias ni falta de medicamentos. Otra cosa. Ya no más 68 millones de mexicanos sin seguridad social o que paguen por ella. Otra cosa. Ya no más mediocres resultados en la prueba Planea: ya no más niños de primaria que leen, pero que no comprenden o que apenas si resuelven operaciones matemáticas básicas. Otra cosa.

Ya no más muertes. Ya no siete feminicidios por día. Ya no más fosas ni desaparecidos. Ya no un país donde ocho de cada diez asesinatos no reciben castigo. Otra cosa. Ya no un sistema de justicia que despierte más dudas que satisfacciones. Ya no más poder a los cárteles del narcotráfico. Otra cosa.

La democracia mexicana les dio voz a todos aquellos que quisieron otra cosa. Hoy, desde hoy y por los próximos seis años, Andrés Manuel López Obrador carga a su espalda, más que un proyecto —su proyecto—, el deseo de millones de ciudadanos que le piden que México sea otra cosa.

Votaron para que la única continuidad que exista sea la que permita generar cambios en beneficio colectivo. Otra cosa. No el México de privilegios construido sobre el trabajo de los más vulnerables. Otra cosa.

Desde el primer segundo de este sábado, el nuevo gobierno tiene la obligación de aportar los elementos necesarios para decir, para hacer sentir a quienes lo apoyaron —y también a los que no— que México sí puede aspirar a ser otra cosa.

Ya no más promesas de campaña, sino hechos concretos. Otra cosa. Ya no más contradicciones, sino certidumbre. Mucha, toda la que sea posible. Otra cosa. Ya no más corporativismo sindical ni Elba Esther Gordillo. Tampoco ostentación, sino la austeridad prometida, más que por deseo, por congruencia pura. Los mexicanos esperamos otra cosa. Ni autoritarismos ni falta de autocrítica.

México votó por otra cosa. Y es ya responsabilidad de este gobierno que empieza no alimentar la ruta de la desesperanza. Otra cosa.

Ni ira ni división. Sin radicalismos ni condescendencias. Ni oídos sordos ni compadrazgos. Otra cosa. Eso se votó en las urnas. Un camino distinto, menos agrietado. Un futuro más incluyente, donde quepan todos. Otra cosa, pues.

Ése fue el verdadero mensaje. Eso es lo que esperamos todos de un gobierno que se anunció como transformación y que no ha parado de alimentar sus propias expectativas, olvidando que al hacer esto, hace más vulnerable cada paso que da, porque uno en falso significará que justo el pensar en otra cosa, nos refiera que a México se le prometió mucho.

Hoy empiezan las promesas a toparse con la realidad. Ojalá que se pueda algo de eso mucho. Y que en seis años, veamos otra cosa cuando nos miremos al espejo. Que nos gustemos más.

Suerte a Andrés Manuel López Obrador y a todo su equipo. Suerte a México.

POR YURIRIA SIERRA / TOMADA DE EXCELSIOR

Redacción Pazeño

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