BabeliaOpiniónLos ‘Supermanes’ del Valle de Santo Domingo

“Con buena tierra, agua y tractor, cualquier pendejo es agricultor”, rezaba en los azulejos que tenìan en su casas algunos agricultores, seguramente para reírse de ellos mismos, porque la realidad era muy diferente en aquellos hombres que vencieron el desierto aguantando todo tipo de penurias, peligros y calamidades para poder transformar aquellos terrenos con aquel clima tan extremadamente caluroso en el verano y congelante en invierno, además de aquellas abrumadoras y hasta insolentes tolvaneras de...
José Bedolla Péreznoviembre 19, 20182709 min

“Con buena tierra, agua y tractor, cualquier pendejo es agricultor”, rezaba en los azulejos que tenìan en su casas algunos agricultores, seguramente para reírse de ellos mismos, porque la realidad era muy diferente en aquellos hombres que vencieron el desierto aguantando todo tipo de penurias, peligros y calamidades para poder transformar aquellos terrenos con aquel clima tan extremadamente caluroso en el verano y congelante en invierno, además de aquellas abrumadoras y hasta insolentes tolvaneras de aquel polvo calcinante tan menudo y veloz que penetraba peligrosamente nariz, boca, oídos y ojos haciendo volar las ramas sueltas y los chamizos, pero que gracias a la tenacidad, al esfuerzo y a la visión de aquel grupo de hombres que se habían trazado el objetivo de transformar esos áridos terrenos en un mejor futuro para sus familias mediante la siembra, se logró convertir aquel lugar en un vergel y en un punto de negocios muy importante en el noroeste del país.

La labor de estos titanes empezaba alrededor de las 4.00 am, a esas horas, las principales calles de Constitución e Insurgentes se llenaban de luces, ruidos y rugidos de los motores de los pick ups, camiones, tractores, rastras que empezaban su ruda labor desde la noche misma, sin importar el intenso frio o el apabullante calor o los pegajosos lodazales después de una copiosa lluvia que los obligaban a usar cadenas en las llantas para poder entrar a los ranchos, o la espesa e impenetrable neblina que no dejaba ver a 2 metros de distancia, o las tremendas heladas que “quemaban” las siembras y que para contrarrestar sus efectos tenían que quemar llantas viejas toda la noche, cubiertos con cobijas y atragantados de café negro para poder aguantar toda la noche en vela.

Aquellos verdaderos agricultores, héroes del campo, hombres de batalla, no solo lucharon para limpiar y domar aquel desierto, sino que su lucha se extendió para hacerlo productivo y así poder arrancarle sus frutos y saborear sus mieles.

La mayoria de estos ‘supermanes’ ya no están entre nosotros, ahora limpian y siembran otros campos, al igual que los comerciantes, banqueros, doctores, empresarios de esa época que los apoyaron para que esa tierra pródiga fuera la jauja de su tiempo, la tierra dorada, la tierra prometida…

Con el producto de aquellas mieles que les prodigaron en abundancia cuantiosas utilidades, algunos agricultores con visión de negocios invirtieron en otras áreas, algunas relacionadas con su rubro o actividad como la venta de fumigantes, pesticidas, venta y renta de maquinaria agrícola, refaccionarias, compra de aviones para ventas de servicios de fumigación aérea, o en otras campos como la hotelería, gasolinerías, tiendas de ropa, supermercados, pescadería, ganadería, etc. etc., otros compraron propiedades en varias partes del país y de los Estados Unidos para descanso o como inversión, otros más aprovecharon para viajar y conocer lugares importantes tanto nacionales como de otros países como Brasil en el mero carnaval, Las Vegas por supuesto, Miami, Los Angeles, San Diego, etc. en USA, España, Francia, Inglaterra, Italia, y por supuesto el Vaticano, en Europa, Jerusalén en Israel, etc. principalmente, contando a su regreso divertidas e increíbles anécdotas e historias…

Muchos de estos ‘supermanes’ no tuvieron escuela, ésta fue la vida misma, o la pala y el azadón y los retos y los sueños su acicate, algunos no sabían escribir y firmaban sus cheques con la huella del pulgar, pero eso si, muy listos e inteligentes.

Algunos se asociaron y formaron comercializadoras cuyo objetivo era buscar los grandes mercados y los mejores precios para aquellos productos que fueron apreciados en muchas partes del mundo y que los enviaban en grandes barcos de carga internacionales que atracaban en Puerto San Carlos para llenar sus bodegas y trasladarlos hasta sus lejanos destinos..

Aun recuerdo con gran nostalgia aquellas kilométricas filas de camiones de todas marcas y colores esperando descargar sus toneladas en esos grandes barcos de banderas extranjeras con sus tripulantes, también de todos colores, que atracaban en Puerto San Carlos.

¿Que cuántos fueron los años de bonanza?, la verdad no lo se, pero fueron el motivo de la formación de esas poblaciones que han aguantado estoicamente los nuevos tiempos, con la esperanza remota de revivir su economía y que casi viven del recuerdo, pero que siguen creyendo en el grandioso VALLE DE SANTO DOMINGO..

Mi reconocimiento para todos aquellos que aún siguen al pie del cañón…

José Bedolla Pérez

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