BabeliaOpiniónLas Misiones de California: su arquitectura

Cuando se ha tenido la oportunidad de viajar y visitar las distintas iglesias que fueron edificadas por los jesuitas hace más de 300 años, surge en nuestra consciencia una admiración sacra. Imaginar que de la nada, con miles de dificultades, sin las herramientas suficientes y necesarias y aunque teniendo a miles de indígenas alrededor poco se podía contar con ellos por su carácter rebelde e indolente, los ignacianos lograron erigir estos monumentos a la Gloria...
Sealtiel Enciso Péreznoviembre 19, 201812429 min

Cuando se ha tenido la oportunidad de viajar y visitar las distintas iglesias que fueron edificadas por los jesuitas hace más de 300 años, surge en nuestra consciencia una admiración sacra. Imaginar que de la nada, con miles de dificultades, sin las herramientas suficientes y necesarias y aunque teniendo a miles de indígenas alrededor poco se podía contar con ellos por su carácter rebelde e indolente, los ignacianos lograron erigir estos monumentos a la Gloria de su Dios. Eso es algo que llena de recogimiento y admiración.

En la península sudcaliforniana se erigen poco más de una decena de Iglesias, a las cuales la gente insiste en llamarles misiones, que fueron construidas hace centurias bajo las órdenes de los misioneros que llegaron a nuestras tierras. El propósito de tales edificaciones era para que sirvieran de centro del poblado que se estaba erigiendo en este centro misionero y para que dentro de ella y en sus alrededores se llevara a cabo la evangelización y conversión de los gentiles hacia la fe católica. Entre las paredes de estos templos se realizaba el culto católico así como las diferentes ceremonias como son los sacramentos o las indicadas por el santoral religioso.

Miguel León Portilla nos relata en la Revista Libro “Baja California: Geografía de la esperanza. Misiones Jesuitas”, lo siguiente: “las misiones de San Javier Viggé– Biaundó y San Ignacio Kadakaamán son edificaciones extraordinarias, y si ellas estuvieran en Puebla o Guanajuato, hoy serían sin duda una de sus joyas patrimoniales”. Con lo anterior este prestigiado y emérito investigador nos da cuenta de la trascendencia y valor arquitectónico de algunas de las iglesias que se levantaron en estos centros misionales. No pocas personas se han preguntado cuál sería la razón de la diversidad en estilos y estructura de los templos y la explicación más certera ha sido la heterogeneidad de procedencia de los sacerdotes que iniciaron y concluyeron estas obras: los italianos Segismundo Taraval e Ignacio María Nápoli; los mexicanos Jaime Bravo; Clemente Guillén y Juan Bautista Luyando; los españoles Miguel del Barco; croata Fernando Consag, así como al alsaciano Juan Jacobo Baegert.

Al analizar la infraestructura de estas Iglesias nos podemos dar cuenta que la razón de su amplitud se debió a las funciones que debía de cubrir, por ejemplo si iba a contener habitaciones para albergar a los sacerdotes, si contaría con una red hidráulica de acequias o de pilas en las que se almacenaría el agua por grandes temporadas y de manera regular se distribuiría para el consumo humano, de los animales y de los sembradíos. También había algunos templos que tenían grandes galerones en donde se establecían talleres para enseñar a los indígenas recién conversos actividades productivas como la elaboración de cestas, el tejido de mantas, la escultura en madera, entre otras. También en estos sitios se llevaba a cabo la producción del vino, de las aceitunas, curtido de pieles y la enseñanza de actividades como herraje de animales.

La sobriedad o no en los templos tuvo un origen multifactorial. Ya mencionamos que podía ser por los estilos arquitectónicos imperantes en los países o regiones de donde provenían los sacerdotes encargados de erigir estos templos, también dependía de si en el lugar donde se planeaba levantar este recinto había suficiente material de construcción como piedra y cal.

Ahora bien si mencionamos los estilos bajo los que se erigieron los templos misionales podemos decir que la mayoría fuero hechos con una sola nave, esto es, una especie de “galerón”. Solamente las iglesias de San Francisco Javier Vigge Biaundó y San Ignacio Kadakaaman se edificaron en forma de “cruz latina”. La iglesia de San Miguel de Comondú sobresale por ser la única que estuvo edificada con “3 naves”. Las bóvedas que se utilizaban en sus techos por lo general eran de “cañón corrido” por ser más económicas y sencillas en su elaboración. Sin embargo la iglesia de San Francisco Javier se construyó con una “bóveda recargada” en donde la carga del techo se apuntalaba en la intersección de los arcos y el muro.

Hay muchas cosas más de las que se puede seguir comentando de las maravillosas y poquísimas iglesias que han podido sobrevivir de aquella época misional, y al irlo descubriendo podemos comprender y amarlas más.

Sealtiel Enciso Pérez

One comment

  • Miguel Zaragoza Verdugo

    noviembre 19, 2018 at 9:24 pm

    Me parece hay un error: En San Miguel de Comondù nunca existiò, ni existe Misiòn alguna como se describe lìneas arriba. La Misiòn màs cercana es en el Poblado de San Josè de Comondu.

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