BabeliaOpiniónLos primeros panteones de la Ciudad de La Paz

Conforme nuestra ciudad de La Paz fue consolidándose como el punto neurálgico de las actividades mercantiles y políticas de la península bajacaliforniana, su población fue incrementándose por lo que en algún momento de su historia se requirió el que se destinara un espacio para sepultar a sus muertos. Es así como surgen los primeros panteones o camposantos de la ciudad. El poblamiento de nuestro puerto empezó a partir del año de 1823 cuando algunos de...
Sealtiel Enciso Péreznoviembre 6, 201813014 min

Conforme nuestra ciudad de La Paz fue consolidándose como el punto neurálgico de las actividades mercantiles y políticas de la península bajacaliforniana, su población fue incrementándose por lo que en algún momento de su historia se requirió el que se destinara un espacio para sepultar a sus muertos. Es así como surgen los primeros panteones o camposantos de la ciudad.

El poblamiento de nuestro puerto empezó a partir del año de 1823 cuando algunos de los comerciantes que llegaban a este puerto trayendo sus mercancías de Sonora y Sinaloa, buscaban proveerse de agua y alimentos para continuar su viaje de regreso, se quejaron ante el gobernador de la península, José Manuel Ruiz, de que el soldado comisionado para realizar tales menesteres, José Espinoza, no cumplía de forma satisfactoria con ellos. Es por tal motivo que el Gobernador Ruíz decide conceder permiso a todos aquellos habitantes del territorio que desearan establecerse en este punto, concediéndoles tierras, con la obligación de cultivar hortalizas y frutas así como tener provisiones de agua para satisfacer las necesidades de los tripulantes de los barcos que llegaran al puerto. Se tiene registro que la primera autorización se otorgó al señor Juan García, y posteriormente a cientos de personas que deseaban probar su suerte en este lugar.

Con el paso del tiempo y debido a un suceso trágico y totalmente fortuito que ocurrió al puerto de Loreto, en el año de 1830, se decide trasladar la capital de las Californias a esta ciudad de La Paz. Conforme fue creciendo el número de habitantes se dieron los primeros decesos y es cuando se destina un espacio, que en aquel entonces quedaba fuera de los linderos de la población, para inhumar los cuerpos. De acuerdo a documentos que existen en el Archivo Eclesiástico de La Paz, ubicados en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz, las primeras personas que fallecen y son sepultadas en ese panteón son los señores Juan Saralegui, de origen español, y el Sr. José Manuel Ruíz Carrillo, ex gobernador de la península. Ambos sucesos fueron registrados por el fraile dominico José Morquecho el día 18 de septiembre de 1835.

El panteón “ de facto”, antes mencionado, empezó a ser utilizado por los habitantes del puerto pero fue hasta el año de 1851 que el Teniente Coronel Rafael Espinoza, jefe político y comandante militar del Territorio de Baja California, mandó construir una barda que delimitara el camposanto así como una puerta de ingreso a este sitio. El encargado de realizar esta obra fue el albañil Lorenzo Juárez. La ubicación de este predio estaba en la manzana que actualmente delimitan las calles Guillermo Prieto, Independencia, Reforma y A. Serdán. Hace no mucho tiempo platicaba con el Doctor Francisco Aguilar Von Borstel, actual dueño de ese predio, que hará unos 8 años realizó unas actividades de construcción en el lugar y que cuando los albañiles realizaban las zanjas para colocar los cimientos, encontraron osamentas humanas muy viejas, lo que demuestra la veracidad de la ubicación del panteón en este sitio.

Fue en el año de 1859 que las autoridades de la ciudad determinaron cerrar este cementerio por motivos de higiene, ya que debido al rápido incremento del poblamiento de la ciudad, el sitio había quedado rodeado de casas. El nuevo sitio que se seleccionó para ubicar al nuevo panteón estaba ubicado en el estero noreste de la ciudad, situado en las manzanas 282 y 284, lo que sería al fondo de la Calle Constitución. Para esos años ya al primer panteón de la ciudad recibía el nombre del “Panteón Viejo” y al de reciente creación sólo se le llamaba “El cementerio”. De acuerdo a la traza actual de la ciudad, el sitio donde se instaló el “cementerio” se ubica en la manzana donde se construyó el Estadio de Beisbol “Arturo C. Nahl”, el cual desde el año de 1928 hasta la fecha ha sufrido varias remodelaciones, y cada vez que se realizan excavaciones en el campo deportivo o en los cimientos de la parte construida, se encuentran osamentas humanas, mudos testigos que dan fe de la existencia de este camposanto.

Fue en el año de 1881 que debido a la expansión acelerada del puerto y la saturación de este segundo cementerio, que el jefe político en turno, el Coronel José María Rangel, ordena el cierre de ambos panteones e inicia los trámites para la apertura del nuevo el cual se ubicaría en un lugar denominado como “El rincón de los San Juanes”, en las calles San Juan y El esterito. Es importante mencionar que durante estos primeros años de la década de 1880, en esta ciudad de La Paz hubo un brote epidémico de la llamada “fiebre amarilla” lo que originó una gran mortandad, siendo sepultados los cadáveres en “El cementerio” a pesar de carecer de espacio suficiente para ello.

Fue hasta el año de 1882 en se dio la autorización a los habitantes de la ciudad para que empezaran a utilizar el nuevo cementerio para sepultar a sus difuntos. Se cuenta que el nombre que lleva este panteón “Los Sanjuanes” surgió como un recordatorio de las dos primeros personas que fueron inhumadas en el sitio, padre e hijo, los cuales tenían el nombre de “Juan”. El 5 de mayo de 1882 se considera la fecha formal de la apertura de este panteón puesto que fue el día en que se colocó la “piedra fundamental” de este panteón, siendo los padrinos de honor los señores Miguel González y Félix Gibert.

En el año de 1906, el gobierno del Distrito Sur de la Baja California, ordena el cierre definitivo del “panteón viejo” y “el cementerio” y, otorga un plazo razonable a los deudos de las personas inhumadas en este sitio para que trasladaran sus restos al Panteón de “Los Sanjuanes”. Muchas personas acudieron al llamado de la autoridad, sin embargo no todos los restos fueron retirados, por lo que en estos terrenos aún permanecen sepultados una gran cantidad de osamentas. Hay versiones que aseguran que pocas personas se atrevieron a exhumar los restos enterrados en el “Cementerio” ya que debido a haber muerto por los efectos de la “fiebre amarilla” temían, con sobrada razón, que al estar en contacto con los despojos humanos pudieran contagiarse con esta enfermedad.

El panteón de los “Sanjuanes” se amplió sucesivamente en los años de 1946 y 1955. La ciudad ha seguido creciendo y el panteón quedó sumergido en medio de una gran cantidad de casas, unidades deportivas, centros de salud, centros de Desarrollo y escuelas. Fue en la segunda mitad del año de 2017 que la autoridad Municipal determinó la no autorización para inhumar en este sitio, cerrándose definitivamente. Únicamente está abierto para la visita de los deudos a los familiares que ahí cumplen su descanso eterno.

Al interior del panteón de “Los Sanjuanes” existen una gran cantidad de tumbas que se fueron acumulando en el transcurso de los 135 años que tuvo de funcionamiento. Muchas de éstas poseen un simbolismo muy profundo ya que son monumentos funerarios de francmasones, filósofos, políticos, literatos o bien de personas de una situación económica acomodada que buscaron a través de estos monumentos eternizarse en el recuerdo de sus conciudadanos. Vale la pena darse una vuelta a este sitio y caminar entre sus tumbas para admirar los monumentos funerarios y comprender la vanidad y fatuidad del ser humano al buscar inmortalizarse.

Sealtiel Enciso Pérez

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