BabeliaOpiniónDon Floripondio Baquetas…

Siguiendo con el tema de la aviación pero ahora en sentido chusco, y teniendo como personaje principal a Don Floripondio Baquetas -seudónimo para ocultar su verdadero nombre- quien fue pionero y un próspero agricultor de aquel Valle de Santo Domingo que hizo historia, sus esfuerzos, conocimientos y astucia le dieron para vivir comodamente así como para extender sus negocios, adquiriendo un rancho en Vizcaíno, distante 500 km de Cd. Constitución y hasta para comprar una...
José Bedolla Pérezoctubre 22, 20189610 min

Siguiendo con el tema de la aviación pero ahora en sentido chusco, y teniendo como personaje principal a Don Floripondio Baquetas -seudónimo para ocultar su verdadero nombre- quien fue pionero y un próspero agricultor de aquel Valle de Santo Domingo que hizo historia, sus esfuerzos, conocimientos y astucia le dieron para vivir comodamente así como para extender sus negocios, adquiriendo un rancho en Vizcaíno, distante 500 km de Cd. Constitución y hasta para comprar una avioneta monomotor, pequeña, de 4 plazas, en la cual se trasladaba dos o tres veces por semana para supervisar y dirigir los trabajos de la siembra en aquel lejano lugar.

En ese entonces, Don Floripondio era un tipo de cincuenta y tantos años, muy alto y delgado, siempre erguido, con un andar desparpajado como al que todo le vale madre, siempre sonriente, ocurrente y ‘echao pa delante’…

No sabía leer, ni escribir, pero se las sabía de todas, todas, y de repente, tenía su propio avión que él mismo piloteaba, a veces solo, y otras acompañado de las damas que le aceptaban recibir ‘clases’ de vuelo.

Además de casado, Don Floripondio también tenía su ‘casa chica’ y lo curioso es que su esposa y la ‘otra’ eran comadres y se ‘visitaban’ de cortesía; por su parte, él les tenía sus buenas casas y sus buenos carros a ambas para que ninguna se ‘sintiera menos’ y se le ‘agüitara’… De ahí el seudónimo de este pintoresco personaje.

En aquel entonces, acababan de celebrarse las elecciones para Presidente Municipal, y el virtual ganador o electo, me comisionó para que acudiera a las islas Magdalena y Margarita a recoger las firmas de los regidores que, de acuerdo al protocolo, eran necesarias para validar su triunfo en esa contienda, señalándome que me pusiera de acuerdo con Don Floripondio porque él me iba a llevar en su avioneta a recoger las firmas, y ¡alégale al ampáyer!

Yo conocía a Don Floripondio, pero sólo de vista, y me lo imaginaba arriba de un tractor o de un caballo, pero jamás ¡piloteando un avión! en la madre. dije, trabajo es trabajo y a darle, no hay otra…

Al dia siguiente, alrededor de las cinco de la mañana llego a la pista de Constitución y ya estaba Don Floripondio con su inseparable sombrero tejano detenido por sus grandes orejas, listo para despegar hacia las islas… En unos minutos más partimos, en esa pista nunca ha habido torre de control pues solamente es -hasta la fecha- utilizada por avionetas fumigadoras y algunas particulares, sin más testigos que nosotros mismos, y ahi te vamos…

Don Floripondio era bastante parlanchín y no dejó de platicar de sus andanzas y aventuras en el aire acompañado de su cómplice, el ‘piloto automático’, quien nunca lo podría traicionar y contar sus historias… En unos minutos estábamos aterrizando en isla Magdalena entre piedras, arenas, brincos y oraciones de mi parte, pues ¿cual pista?… Recogimos la firma y ya para despegar, me dice: oiga lic si no alcanzamos a levantarnos antes de llegar a ese voladero que se ve al fondo, ahi quedamos, ¡así que agárrese!

Lo más seguro es que Don Floripondio se fue riendo de mi desde que salimos del valle hasta varios días después… En unos cuantos minutos más estábamos en isla Margarita, también en el Océano Pacífico; en esta hay dos pequeñas poblaciones, Puerto Cortés, que además es base de la Marina de México y Puerto Alcatraz, que es donde teníamos que recoger la firma….

La pista está en Puerto Cortes y ahí aterrizamos, al detener su marcha el avión nos llegaron un montón de soldados armados pues llegamos a la brava, sin avisar, después de unos minutos y algunas aclaraciones, pudimos recoger la firma y emprender nuestro vuelo de regreso…

Como ya habían pasado varias horas desde nuestra salida y los dos éramos unos pericos ‘chismoleros, para la media tarde ya éramos los grandes cuates, en el trayecto de regreso y cuando íbamos pasando por un ranchito de dos casitas de esos que están lejos de todo y cercas de nada, me dice, ‘oiga Lic fíjese que aquí tengo una novia, y que le da en picada al avión hasta pasarle muy cerca a las casitas, al gallinero y al corral, como diría la viejita, era un ‘ladrillera de perros y una alcantarilla de gallos’. les dio unas dos vueltas empinando -banqueando- el avión lo más que podia para ver si salía “su novia”, alcancé a ver a dos señoras que nos hacían señas, el decía que lo estaban saludando, pero yo más bien creo que nos estaban mentando la madre, la cosa no paro ahí, volvió a hacer lo mismo al menos en otros dos ranchos antes de llegar, y estoy seguro que en todos nos mentaron la madre al ver a Don Floripondio convertido en moderno y caliente kamikaze…

Finalmente llegamos a Constitución con la pinches firmas todas arrugadas, Don Floripondio riéndose de mí y yo riéndome de contento por haber llegado vivo…

José Bedolla Pérez

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