OpiniónTribuna LibreMisión de San Bruno, el primer asentamiento misional de sudcalifornia

Muchas personas dan por sentado que Loreto por haber sido durante casi 133 años la capital de la Alta y Baja California fue el primer asentamiento Misional que hubo, sin embargo esto no fue así. Varios años antes de la llegada de Juan María de Salvatierra a estas playas de Conchó, hubo un enclave misional que perduró por escasos 2 años y que es considerado “el primer asiento misional fundado en la península de Baja...
Sealtiel Enciso Pérezoctubre 15, 201859114 min

Muchas personas dan por sentado que Loreto por haber sido durante casi 133 años la capital de la Alta y Baja California fue el primer asentamiento Misional que hubo, sin embargo esto no fue así. Varios años antes de la llegada de Juan María de Salvatierra a estas playas de Conchó, hubo un enclave misional que perduró por escasos 2 años y que es considerado “el primer asiento misional fundado en la península de Baja California”.

Como es bien sabido, el deseo expansionista del Imperio Español estaba en pleno apogeo en el siglo XVI, y con su llegada a las tierras de América y la conquista del Imperio de México-Tenochtitlan, empezaron a trazar las rutas que les servirían para conocer las nuevas tierras sobre las que plantaban su pie así como buscar los recursos que valieran la pena el esfuerzo que se estaba realizando (oro, piedras preciosas, perlas y demás objetos de valor para ellos). Nuestra Península de California, pese a haber sido descubierta desde el año de 1534 y visitada por el mismísimo Hernán Cortés en 1535, no había podido ser colonizada debido principalmente a la dificultad para trasladarse a este destino como a la escasés tan gran de de alimentos y agua que se tenía al llegar a este sitio.

Muchos fueron los arrojados exploradores que pusieron sus miras en llegar a estas tierras de California, invirtieron grandes recursos en construir barcos y avituallarlos, sin embargo una y otra vez los colonizadores eran derrotados por la madre naturaleza. Fue hasta la postrimería del siglo XIX en que el virrey de la Nueva España Pedro Nuño Colón de Portugal y Castro, Duque de Veragua, nombra al gallego Isidro de Atondo y Antillón como Almirante de Las Californias y le impone el deber de colonizar esta península. Tras emprender la construcción de dos naves, La concepción y San José, parte desde las tierras de Sinaloa hacia esta gran aventura. Lo acompañaban en ese viaje los sacerdotes jesuitas Eusebio Francisco Kino, Matías Goñi y Juan Bautista Copart.

El 17 de enero de 1683 desembarcaron en la Ensenada de La Paz y de inmediato construyeron unas primitivas habitaciones que sirvieran para descansar y oficiar el ritual católico. Al empezar el contacto con los indígenas del lugar hubo una serie de malos entendidos entre éstos y la tripulación. Los indígenas estaban acostumbrados a tomar todo aquello que se les antojase sin mediar las más mínimas reglas de la urbanidad colonial. Empezaron a tomar las armas, la comida y la vestimenta de los soldados y sin más preámbulo se la llevaban, lo que molestó mucho al Almirante Atondo el cual lo consideró como una falta de respeto, lo cual no estaba dispuesto a tolerar. Para castigar estos “actos descorteses” el Almirante citó a un convite a los principales jefes de este grupo y los sentó frente a una fogata, mientras estos pobres hombres se alimentaban y disfrutaban sin pendiente alguno, un grupo de soldados a una orden de Atondo y Antillón les disparó un cañonazo a muy corta distancia lo que causó la muerte de una decena de estos indígenas y la huida de los pocos que quedaron vivos.

Los sacerdotes jesuitas reclamaron airadamente este proceder tan salvaje sin embargo el daño ya estaba hecho. El comandante ordenó a todos subir a sus naves y partir apresuradamente de regreso hacia las costas seguras de Sinaloa. A finales de este año el Almirante Atondo y Antillón realiza un nuevo viaje de exploración en nuestra Península, desembarcando en una región ubicada a unos 20 kilómetros de lo que hoy es el Puerto de Loreto y a la que llamaron “San Bruno”. A diferencia de los indígenas de la bahía de La Paz, los que aquí vivían, Cochimíes, eran mucho más amigables y dóciles y de inmediato les prestaron ayuda para construir las habitaciones donde dormirían así como aquella en donde oficiarían la liturgia religiosa. Durante su estancia en este sitio el Jesuita Copart empezó el estudio de la lengua Cochimí y al final logró crear un pequeño diccionario el cual sería muy útil años adelante para comunicarse con estos habitantes de la California. Incluso tradujo la oración del “Padre Nuestro” a la lengua Cochimí.

El Almirante Atondo y Antillón condujo a un grupo de soldados a través de la Sierra que se alzaba frente a ellos y que los separaba de la Mar del Sur (ahora conocida como La Sierra de La Giganta). Durante este viaje se hizo acompañar del padre Francisco Eusebio Kino el cual realizó estudios cartográficos de estos parajes. Lograron contactar con varias bandas y rancherías de indígenas con las cuales trabaron una buena relación. Al regreso a San Bruno empezaron la labor misional convenciendo a los indígenas nómadas a que permanecieran en este sitio y para ello les ofrecían alimentos como atole y maíz hervido. En este tiempo lograron catequizar y bautizar a más de 500 cochimíes y administraron el bautizo y los Santos Óleos a otro gran número de ellos.

Sin embargo, el cielo de la California no se mostró benigno con sus nuevos habitantes. El año de 1685 fue especialmente caluroso y se dio una gran sequía. Las pocas siembras que habían emprendido, de hortalizas y trigo, se secaron. El pequeño manantial que los surtía de agua se segó y poco a poco los habitantes empezaron a enfermarse y a morir de hambre. Ante esta situación tan desesperada el Almirante Isidro de Atondo y Antillón puso a consideración de los pocos que quedaban la decisión de quedarse o abandonar este sitio y regresar a Sinaloa. El Padre Francisco E. Kino suplicó airadamente que no abandonaran esta obra, que era solamente una prueba que les enviaba El Creador, pero que pronto tendrían alivio. Sin embargo pudo más el hambre y el temor a morir en estas tierras y la mayoría de los colonos votaron por regresar. En un último intento desesperado, el Padre Kino pidió que lo dejaran a él, que los demás se regresaran; sin embargo el Almirante Atondo tuvo temor de afrontar consecuencias legales si se sabía que había abandonado a su suerte a un Sacerdote, a pesar de que él mismo lo pidiese.

Fue a finales de 1865 que los pocos sobrevivientes, entre ellos muchos enfermos, subieron al barco y abandonaron la California indómita. Los Cochimíes los despidieron con muestras de tristeza y pesar y sólo quedó como vestigio de la estancia de aquellos hombres barbados, unos pocos montones de piedras que fueron sus habitaciones y unas cruces de madera que portaban en el cuello los indígenas recién bautizados.

Fue así como nació y murió el primer asentamiento misional de Las Californias. Tal vez no haya sido ni el más grande ni el más poblado pero fue el primer reducto desde donde el imperio español iniciaba su ingreso hacia estas tierras ancestrales.

Bibliografia:

es.wikipedia.org
http://www.elvigia.net/general/2017/2/26/misiones-californias-bruno-264965.html
http://www.californax.com/calx1/DCM011_SanBruno-de%20Kino/DCM011_SanBruno-deKinoTXT.html

Sealtiel Enciso Pérez

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